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Esoterismo - febrero 27, 2019

LA LEY DEL KARMA

Tal vez cualquier momento es un buen momento para hacer un ejercicio de toma de conciencia y no hablamos de un acto de arrepentimiento; hablamos de la oportunidad de situarnos en la importancia de nuestra forma de vida. En la forma en la que en la actualidad actuamos de cara a nuestra evolución, o sea que cualquiera puede ser un buen momento para hablar de nuestro KARMA.

Se ha preguntado cuántas cosas condicionan su vida? ¿Por qué su relación con alguna persona siempre está marcada por algo especial?… ¿Por qué el destino nos hace rodar tanto, para ir a caer en el mismo lugar? ¿Será cierto que estando aquí, en la tierra  el verdadero infierno, en este momento es cierto también que nuestras culpas, nuestros pecados, los pagamos aquí en este tiempo?. Respecto a la conformación de nuestro destino actualmente hay muchas teorías, podemos culpar de nuestra buena o nuestra mala suerte a muchos aspectos de nuestra vida, pero qué tan cierto será que nuestro destino está escrito de antemano y que solo en determinadas ocasiones se nos da la posibilidad de cambiarlo?

Desde luego la Teoría del Karma tiene que ver con el concepto de reencarnación. El concepto del Karma es tácitamente oriental, traído a nuestra cultura occidental por medio de la Teosofía y del Espiritismo, de la práctica del espiritismo más filosófica, no del concepto popular del mismo. La reencarnación y el Karma encuentran su punto de reunión en lo que conocemos como deuda kármica. Lo más importante que tenemos que reconocer y que comprender con respecto al Karma es que es la interacción amplia y profunda de la relación de causa y efecto.

 El mundo de lo material se desarrolla como consecuencia del mundo astral, lo que limita el concepto del libre albedrío y convierte a la noción de destino a un predestinamiento absoluto o casi absoluto… así la tradición budista habla del Registro Askásico, lo que vendría a equivaler, trayéndolo a una mínima expresión a un archivo cosmogónico, en el que se encuentran registrados el pasado, el presente y el futuro en una constante prácticamente infinita, que muestra la evolución del destino.

En relación a la Ley del Karma, hay acontecimientos aún más grave y más importante que la muerte, el nacimiento. De hecho para el espiritismo, aunque pareciera al contrario, el nacimiento es más importante que la muerte. La idea es muy clara si pensamos que en el interior de nuestra cultura, realizada en el contexto del Cristianismo, vivimos para morir bien y en algunos casos nos preparamos para superar el trance de la muerte, librando el peligro del castigo; en este orden de ideas y en relación a la Teoría de la Reencarnación y con el factor kármico, viviríamos preocupados por nuestro perfeccionamiento, pero no por el hecho solo del bien morir, si no por buscar la posibilidad de un nacimiento en mejores condiciones. Y para matizar bien esta idea lo mejor sería cosa de hacerlo digiriéndola íntimamente. Según el pensamiento reencarnacionista, es el momento de la concepción, antes del nacimiento cuando ya queda escrito el destino humano.

Y como la reencarnación es el regreso del espíritu a la envoltura humana, al cuerpo, que puede ocurrir en este planeta o en otro del Universo, ese espíritu nace a una nueva etapa, trayendo a cuestas su historial para cumplir con su destino kármico, el destino que mereces o que has ganado.

Entonces la reencarnación es una especie de acto de purificación que realiza el espíritu, después de una permanencia, mas o menos prolongada en el plano astral. En ese aspecto también existen diferentes criterios, en cuanto a lo que es la duración de esa permanencia, desde el pensamiento de que es impredecible, hasta algunas que hablan de 148 años por cada etapa, una de vida o vidas sucesivas y la otra de un impasse de espera, preparándose para volver a la humanidad.

A pesar de lo que pudiera apreciarse a simple vista, el concepto Kármico, no es tan rígido como pudiera parecer. Se afirma que algunas pruebas predestinadas a realizarse durante la vida, pueden llegar a modificarse, esto de acuerdo al desarrollo del individuo durante la reencarnación, o sea que u na vida piadosa, generosa con sus semejantes, en la que la oración y los pensamientos nobles y positivos en todo momento, generaran cierta ganancia, ciertas ventajas con respecto a la rigidez de su Karma. Podemos decir que una vida positiva, en la que la meta sea siempre la superación en todos aspectos, especialmente en la condición espiritual, ganará bonos positivos, que aligeraran la carga impuesta por la deuda kármica. Así que después de esta breve nota al respecto, pues dediquémonos a mejorar nuestra vida acual para ser mejores desde el momento de nuestro próximo nacimiento.

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