Home Esoterismo NUMEROLOGÍA
Esoterismo - febrero 7, 2019

NUMEROLOGÍA

Cada vez que decido hablar de algún tema, me cuesta dar el primer paso, simplemente porque no sé por dónde empezar,  y hoy, pensando en numerología, me parece que lo más lógico es comenzar precisamente por el principio, digamos que por el número uno, pero no, antes debo matizar lo que significa numerología, de donde nace y a donde puede conducirnos y en este caso, tal vez haya sido el motivo de mi indecisión, la causa por la que no he dado ese primer paso, sin embargo hace unos días, platicando con unos buenos amigos de Los Ciclos de La Vida del Hombre, en esas oleadas de comportamiento y situaciones que se dan en consonancia con el ritmo y las fuerzas del Cosmos, nuestras circunstancias en relación con el Ritmo Universal y en ese tema, note cuantas y cuan repetidamente me refería al número 7, concretamente señalando los primeros 7 años de nuestra vida y los 7 ciclos de 52 de cada año de la misma y eso, evidentemente me trajo a la mente todo lo que encierra el número 7, del que si usted me lo permite, platicaremos como número uno.

El número 7, sin tener la investidura del número uno, es el representante más importante del todo como unidad, de la misma manera que representa la inmensidad de Dios, siendo este considerado como el principio del todo, o sin tener las implicaciones místicas del 3, o las esotéricas del 11, simboliza no a la totalidad, pero si al estado de totalidad y marca la duración y conclusión de una etapa especial en un momento dado… En los ciclos cósmicos se sabe que todo en la Creación recorre 7 etapas de actividad, después de cada una de estas etapas, viene un momento o pausa de descanso, un impasse, luego podemos pensar que el siete es un número que obliga a un reposo, para retomar una nueva serie de 7 pasos. De ahí que nuestro sistema planetario, regido por el número 7, tenga precisamente siete planetas girando en torno al sol. Siete son los colores básicos que conforman el arcoíris, nuestro prisma, siete las notas o sonidos musicales, dato importante si tomamos en cuenta que la música es lo que el hombre produce y es totalmente subjetivo, abstracto y relacionado con la presencia de Dios. Siete son los días de la semana, así como son 7 los dones del Espíritu Santo. Biológicamente han de pasar 7 meses de gestación, para que el ser humano pueda vivir al aire libre. Para lograr la madurez, el hombre debe vivir siete periodos de 7 años, 7, 14, 21, 28, 35, 42 y 49 años para lograr plena madurez, autoridad y libertad. Siete son también los pecados capitales… Dice la Metafísica que 7 son los pasos que recorre toda manifestación desde el momento cuando se expresa el deseo, hasta que se hace visible la demostración. Siete veces el largo de la cabeza debe tener la estatura total del hombre, recuerda? Siete fueron casualmente las Maravillas de la Antigüedad, como vemos muchos son los sietes que nos rodean… como dato curioso le contaré o le recordaré que la Ciudad de Olmedo en la Provincia de Valladolid en España, precisamente el lugar donde transcurre la  es conocida novela “El Caballero de Olmedo” y que es conocida como la ciudad de los 7 sietes. Tiene siete puertas, ya que es una ciudad amurallada, dicha muralla tiene 7 torreones, tiene 7 iglesias, siete plazas recoletas con siete casas blasonadas, tiene siete fuentes y siete estatuas ornamentales… pero de aquellas cosas que coinciden con el número siete como signo distintivo, la más importante lo sea una oración… si, efectivamente estamos refiriéndonos al Padre Nuestro, una oración en siete partes… de la que vale la pena que anotemos la verdadera talla que esta oración tiene, ya que como recordaremos se trata del rezo que nos legó Jesucristo.

Esta era la oración que utilizaba Jesús el Cristo para hablar con Dios Padre, el Padre Eterno… pero tal vez sean las palabras de San Mateo las más explicitas para darle a esta oración su  verdadero valor y trascendencia, Él lo dijo así:

“El sol de la mañana acariciaba temprano la callada campiña de Palestina. Por el Oriente un vistoso alborear anunciaba la aparición del sol… la verdad es que el sol no tiene ojos, pero si los tuviera, cuan granes los abriría para admirar al Señor, que desde la noche anterior, ha estado postrado ahí, profundamente concentrado en el recogimiento de la oración… El Señor estuvo, efectivamente  orando desde que brilló la estrella vespertina, hasta el alba del día siguiente, aislado de todos –sus discípulos dormían unos pasos más allá- del todo entregado a un fervoroso coloquio con su Padre que está en los cielos… cuando empieza el nuevo día y la luz de la mañanita canta sobre la tierra, los discípulos rodean a Jesús. Es entonces, cuando uno de ellos ha sentido el encendimiento divino de los ojos de Cristo y su ternura inefable, le ruega con ansiedad: “Señor enséñanos a Orar” Es ese un instante trascendental para la humanidad. He aquí que Jesucristo le va a dar una fuerza cuya irradiación vivificadora, cual la de un Radium milagroso, los siglos no podrán disminuir. Momento trascendental de su propia vida terrena, porque ahora va Jesús a enseñar en unas pocas palabras toda su divina enseñanza, para que en esa síntesis sea una estrella que conduzca, a través de los tiempos a la humanidad. Sus divinos labios van a pronunciar una oración que los hombres seguirán repitiendo hasta el final de los siglos y que será fuente inagotable de fortaleza para las almas ansiosas de Dios… y de momento dejamos en el tintero dos temas, este de la maravillosa oración de siete partes y el de la numerología, del cuál no hemos llegado siquiera al número uno… hasta una próxima entrega en donde iremos agotando cada uno de los temas que hemos ido tocando… y acerca de los que muy, muy pronto estarán presentes en nuestro formato por iniciar…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *