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Religiones - enero 28, 2019

LA SABANA SANTA

Hablemos un poco de la Sabana Santa, la Sabana Santa en la que Cristo fue amortajado para ser depositado en el Santo Sepulcro. Existen muchas reliquias religiosas guardadas celosamente por la Iglesia Católica, de hecho cada iglesia conocida con el calificativo de Basílica custodia alguna reliquia, todas ellas reconocidas como tales por el Vaticano y muchas consideradas milagrosas, pero a mi modesto juicio la más importante y significativa es la Sindone de Turín, la Sabana Santa que el tiempo ha querido preservar hasta nuestros días como un testimonio revelador acerca del Cristo, de su apariencia física y de la verdad de su martirio, muerte y resurrección.

Fueron José de Arimatea y Nicodemus quienes se encargaron de amortajar a Jesucristo una vez que ya sin vida lo bajaron de la cruz, por lo menos sin la vida material que reconocemos en este mundo. Lo hicieron apegados a las costumbres de la época y el resultado, esto es muy importante subrayarlo, fue que Cristo Jesús quedó herméticamente preservado durante el tiempo que el cadáver permaneció en el Santo Sepulcro.

No resulta muy difícil comprender todo el dolor que rodeaba esta muerte, además repetidamente nos han mostrado por representaciones, pinturas y películas lo que debió ser el trágico momento, cuando María, Pedro, Magdalena, José de Arimatea y Nicodemus, entre otros muchos, le dieron el último adiós a Jesús de Nazareth. Toda esa carga de místico dolor ha quedado flotando en el ánimo de nuestra religiosidad, pero durante aquellos momentos, ya comenzaba a llevarse a cabo el milagro o mejor dicho los milagros, esos milagros que por un lado demostraron que Jesús, como hombre había muerto, pero que como enviado de Dios, había vuelto a su lado. Y si hablo de milagros, lo hago porque considero que un milagro es aquello a lo que no podemos encontrar una justificación, otro origen que no sea el divino, la intervención de algo superior que va más allá de nuestras posibilidades, de nuestro entendimiento y de las fuerzas físicas que tienen cautivo a nuestro planeta, cautivas nuestras vidas.

Es cierto que a veces cuesta mucho trabajo entender que esta reliquia haya llegado hasta nuestros días, sobre todo si pensamos que tratándose de lo que se trata, debía ser algo muy famoso, muy famoso desde el momento mismo en que fue encontrado en el Sepulcro, cuando el cuerpo de Cristo ya había ascendido al lado del Creador… inmediatamente surgen preguntas inevitables: Quien tomó y conservó aquel lienzo?… fue preservado hasta nuestros días con el deliberado propósito de darnos lo que puede constituir una prueba científica de la verdad de Cristo… cómo esa tela ha podido conservarse en las condiciones en las que está la Sindone de Turín a pesar del paso de los Siglos… en busca de estas respuestas, caímos en la tentación del rastreo histórico y crean ustedes que a pesar de la importancia de la reliquia, prácticamente no hay referencias a ella hasta el año 1357. Verdaderamente son poquísimas las menciones históricas de la Sabana Santa hasta el siglo VI. Los evangelios, por ejemplo, guardan un relativo silencio al respecto y las diferentes menciones que se hacen aquí y allá de la vestidura sepulcral del Cristo, no llegan a constituir verdaderamente una evidencia o una pauta que marque su presencia histórica y en todo caso debemos aclarar que ninguna de las menciones que se pueden localizar en diferentes textos se habla de que la Sabana tenga grabada de alguna manera una imagen, dato por demás interesante e importante para su identificación e incluso para su más elemental descripción, No cree usted?. Y por si no lo recuerda o no lo sabe, voy a contarle cómo fue que apareció La Sabana Santa allá por 1357.

Y si, desde luego hablaremos de ello en nuestras futuras entregas, porque de este apasionante hay una extraordinaria historia y hechos e investigaciones que nos ponen precisamente ante el documento científico que prueba no solo la existencia del Cristo, sino de cómo fue su sacrificio, muerte y resurrección. Aquí en breve.

 

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